El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I “Sé que el buen médico debe ser buen físico, buen químico, buen botánico y anatómico; y no que yo veo que hay infinidad de médicos en el mundo que ignoran cómo se hace y qué cosa es, por ejemplo, el sulfato de sosa, y lo ordenan como específico de algunas enfermedades en que precisamente es pernicioso; que ignoran cuáles son y cómo las partes del cuerpo humano, la virtud o veneno de muchos simples, y el modo con que se descomponen o simplifican muchas cosas. Sé también que no puede ser buen médico el que no sea hombre de bien, quiero decir, el que no esté penetrado de los más vivos sentimientos de humanidad o de amor a sus semejantes; porque un médico que vaya a curar únicamente por interés del peso o la peseta y no con amor y caridad del pobre enfermo, seguramente éste debe tener poca confianza; y lo cierto es que por lo común así sucede.
“Los médicos, cuando se examinan, juran asistir por caridad, de balde y con eficacia, a los pobres, ¿y qué vemos? Que cuando éstos van a sus casas a consultarles sobre sus enfermedades sin darles nada, son tratados a poco más o menos; pero si son los enfermos ricos y mandan llamar a su casa a los médicos, entonces éstos van a visitarlos con prontitud, los curan con cuidado, y a veces este cuidado suele ser con tal atropellamiento (si no hay implicación en estas palabras), que con él mismo matan a los enfermos.”