El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I almonedero fue con las llaves a sacar los muebles vendidos y en la misma hora, llegó el casero con el escribano, que llevaba a raja tablas la orden de proceder al embargo de mis bienes.
Abrió el almonedero y entró con sus cargadores para desocupar la casa, y el casero con el escribano y los suyos para el mismo efecto. Aquí fue ello. Luego que los dos se vieron y se comunicaron el motivo de su ida a aquella casa, comenzaron a altercar sobre quién debía ser preferido. El casero alegaba la orden del juez, y el almonedero mi recibo. Los dos tenían razón y demandaban en justicia; pero uno solo era quien debía quedarse con mis muebles, que no bastaban para satisfacer a dos. El casero ya se conformaba con que se dividiera el infante y se quedara cada uno con la mitad; pero el almonedero, que había desembolsado su plata, no entraba por ese aro.