El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Aturdido me quedé al escuchar tantos despropósitos juntos, y decía entre mí: ¿Cómo es posible que no haya quien contenga estos abusos, y quien les ponga una mordaza a estos locos? ¿Cómo no se advierte que el auditorio que los rodea y atiende se compone de la gente más idiota y necia de la plebe, la que está muy bien dispuesta para impregnarse de los desatinos que éstos desparraman en sus espíritus, y para abrazar cuantos errores les introducen por sus oídos? ¿Cómo no se reflexiona que estos espantos y milagros apócrifos que éstos predican, unas veces inducen a los tontos a una ciega confianza en la misericordia de Dios, con tal que den limosna; otras a creer tal el valimiento de sus santos que se los representan más allá que el mismo Poder Divino,[82] y todas o las más, llenando sus cabezas de mentiras, espantos, milagros y revelaciones? Sin duda todo esto merece atención y reforma, y sería muy útil que todos los ciegos que piden por medio de sus relaciones, presentaran éstas en los pueblos a los curas, y en la capital y demás ciudades a algunos señores eclesiásticos destinados a examinarlas, los que jamás les permitieran predicar sino la explicación de la doctrina cristiana; trozos históricos, eclesiásticos o profanos; descripciones geográficas de algunos reinos o ciudades y cosas semejantes, pero cualesquiera cosas de éstas, bien hechas, en buen verso y mejor ensayadas; y de ninguna manera se les dejara pregonar tanta fábula que nos venden con nombre de ejemplos.