El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I Diciendo esto se levantó nuestro negro, y sin exigir respuesta a lo que no la tenía, brindó con nosotros por última vez, y abrazándonos y ofreciéndonos todos recíprocamente nuestras personas y amistad, nos retiramos a nuestras casas.
Algunos días después tuve la satisfacción de verme a ratos con mis dos amigos, el oficial y el negro, llevándolos a casa del coronel, quien les hacía mucho agasajo; pero me duró poco está satisfacción, porgue al mes del suceso referido, se hicieron a la vela para Londres.
PROSIGUE NUESTRO AUTOR CONTANDO SU BUENA CONDUCTA Y FORTUNA EN MANILA. REFIERE SU LICENCIA, LA MUERTE DEL CORONEL, SU FUNERAL Y OTRAS FRIOLERILLAS PASADERAS
En los ocho años que viví con el coronel, me manejé con honradez, y con la misma correspondí a sus confianzas, y esto me proporcionó algunas razonables ventajas, pues mi jefe, como me amaba y tenía dinero, me franqueaba el que yo le pedía para comprar varias
