El Periquillo Sarniento. Tomo I
El Periquillo Sarniento. Tomo I –Vamos, deja eso –dijo el coronel–; el decirte lo que has oído, no es porque esté descontento contigo ni quiera echarte de mi casa (que debes contar por tuya), sino por ponerte en entera posesión de tu libertad, pues aunque me has servido como hijo, viniste a mi lado como presidiario, y por más que no hubieras querido, hubieras estado en Manila este tiempo. Fuera de esto considero que el amor de la patria, aunque es una preocupación, es una preocupación de aquellas que, a más de ser inocentes en sí, pueden ser principio de algunas virtudes cívicas y morales. Ya te he dicho, y has leído, que el hombre debe ser en el mundo un cosmopolita o paisano de todos sus semejantes, y que la patria del filósofo es el mundo; pero como no todos los hombres son filósofos, es preciso coincidir, o a lo menos disimular sus envejecidas ideas, porque es ardua, si no imposible empresa, el