Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda —Déjate de pueses. ¿Has olvidado que soy el señor don Catrín de la Fachenda, nobilísimo, ilustrísimo y caballerísimo por todos mis cuatro costados? ¿Cómo quieres que un personaje de mis prendas se sujete a servir a nadie en esta vida, si no fuere al rey en persona? Vete, vete, y no aumentes mis pesadumbres con tus villanos pensamientos.
El criado se incomodó, y me dijo:
—Pues señor don Catrín, quédese usted con su nobleza y caballería, y quédese también con su hambre y su frazada —dicho esto se fue, y yo seguí andando sin saber a dónde ir.
Eran las tres de la tarde, y yo no había probado gota de alimento, ni aun tenía esperanza de probarlo; pero ni sabía en dónde recogerme aquella noche. No me había quedado más que una media camisa, pantalón, botas, sombrero y frazada; todo viejo, sucio y roto; asimismo conservaba mis ejecutorias y papeles de nobleza, que llevé al hospital y cargaba ese día debajo del brazo.
Viéndome muerto de hambre, me resolví a empeñar estas preseas en cualquier cosa; aunque con harto dolor de mi corazón. Entréme en una tienda y le dije al tendero mi atrevido pensamiento. Éste veía los papeles y me veía a la cara lleno de admiración; y al cabo de rato, casi con las lágrimas en los ojos, me dijo.
—¿Es posible, Catrín, que tú eres mi ahijado y el hijo tan amado de mi compadre?