Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda —Compadre, días ha que deseaba yo una ocasión como ésta para sacar a usted de la equivocación en que está de creer que todo joven alegre, que todo el que viste al uso del día es catrín. No, señor; ni son todos los que están, ni están todos los que son. El hábito no hace al monje. Ya usted sabe que yo soy viejo; pero no viejo ridículo. Cada cual puede vestirse según su gusto y proporciones, sin merecer por su traje el título de honrado ni de pícaro.
»Mozos hay currísimos o pesadísimos a la moda del día, y no por eso son catrines; y otros hay que llama el vulgo rotos o modistas pobretes y sin blanca, que son legítimos catrines. Aprenda usted a distinguirlos y no hará favor ni agravio a quien no lo merezca.
»Las costumbres, compadre, la conducta es la única regla por donde debemos conocer y calificar a los hombres. Yo soy capaz de apostar una botella de vino a que el señor es catrín legítimo y que tiene vanidad en serlo.
—Es verdad —dije—; y no me arrepiento de haber descendido de tan noble linaje.
—Amiguito —contestó el viejo—, la nobleza verdadera consiste en la virtud, y la aparente en el dinero. ¿Cuántos miles tiene usted?
—Yo ningunos.
—¡Oh!, pues ríase usted de su nobleza. Ni tiene virtud con qué acreditarla, ni pesos con qué fingirla; pero vamos al caso.