Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda
Vida y hechos del famoso caballero Don Catrin de la Fachenda —Ni qué responder me ha dejado usted amiguito —dijo el capellán—; usted solo y sin tormento ha confesado quiénes son los catrines, cuáles sus ocupaciones, cuán admirable es su instrucción y qué digno del aprecio público el fruto de sus tareas.
—Por lo que hace a mí —añadió el conde—, yo le estimaré que no vuelva usted a poner un pie en mi casa. Mucho siento que me haya hecho esta única visita, y que nos haya dicho quién es tan sin rebozo. No, no quiero que honren mi mesa semejantes caballeros, que me instruyan tales maestros, ni que me edifiquen tan calificados católicos; y así, pues, se ha concluido la merienda, tome usted su sombrero y déjenos en paz.
Todos los concurrentes, luego que oyeron producirse al conde de este modo, fuérase por adularle o por lo que ustedes quieran, comenzaron a maltratarme, hasta los criados; casi a empellones me echaron de la sala, y un lacayo maldito por poco me hace rodar las escaleras; y no contentos con hacerme sufrir tales baldones, sin acordarse de la nobleza de mi casa, ya al salir a la calle me echaron una olla de agua hirviendo, con lo que me pusieron cual se deja entender.