La comedia nueva
La comedia nueva PIPÍ.—Pues, ya se ve; mire usted, ¡reglas! No faltaba más. ¿A que no tiene reglas la comedia de hoy?
DON ANTONIO.—¡Oh! Eso yo te lo fío; bien puedes apostar ciento contra uno a que no las tiene.
PIPÍ.—Y las demás que van saliendo cada día tampoco las tendrán, ¿no es verdad, usted?
DON ANTONIO.—Tampoco. ¿Para qué? No faltaba otra cosa, sino que para hacer una comedia se gastaran reglas. No, señor.
PIPÍ.—Bien; me alegro. Dios quiera que pegue la de hoy, y luego verá usted cuántas escribe el bueno de don Eleuterio. Porque, lo que él dice: si yo me pudiera ajustar con los cómicos a jornal, entonces… ¡ya se ve! Mire usted si con un buen situado podía él…
DON ANTONIO.—Cierto. (Aparte). ¡Qué simplicidad!
PIPÍ.—Entonces escribiría. ¡Qué! Todos los meses sacaría dos o tres comedias. Como es tan hábil…
DON ANTONIO.—¿Conque es muy hábil, eh?