La comedia nueva
La comedia nueva PIPÍ.—Pues yo no sé qué será, pero desde la ventana de arriba se ve salir mucha gente del coliseo.
DON ANTONIO.—Serán los del patio, que estarán sofocados. Cuando yo me vine quedaban dando voces para que les abriesen las puertas. El calor es muy grande, y, por otra parte, meter cuatro donde no caben más que dos es un despropósito; pero lo que importa es cobrar a la puerta, y más que revienten dentro.
DON PEDRO, DON ANTONIO, PIPÍ.
DON ANTONIO.—¡Calle! ¿Ya está usted por acá? Pues y la comedia, ¿en qué estado queda?
DON PEDRO.—Hombre, no me hable usted de comedia (Siéntase.), que no he tenido rato peor muchos meses ha.
DON ANTONIO.—Pues ¿qué ha sido ello? (Sentándose junto a DON PEDRO).
DON PEDRO.—¿Qué ha de ser? Que he tenido que sufrir (gracias a la recomendación de usted) casi todo el primer acto, y por añadidura una tonadilla insípida y desvergonzada, como es costumbre. Hallé la ocasión de escapar y aproveché.
DON ANTONIO.—¿Y qué tenemos en cuanto al mérito de la pieza?
