La comedia nueva
La comedia nueva PIPÍ.—Pues con ése se ha estado jugando; y cuando la decían: «Mariquita, una copla, vaya una copla», se hacía la vergonzosa; y por más que la estuvieron azuzando a ver si rompía, nada. Empezó una décima, y no la pudo acabar, porque decía que no encontraba el consonante; pero doña Agustina, su cuñada… ¡Oh!, aquélla sí. Mire usted lo que es… Ya se ve, en teniendo vena.
DON ANTONIO.—Seguramente. ¿Y quién es ése que cantaba poco ha y daba aquellos gritos tan descompasados?
PIPÍ.—¡Oh! Ese es don Serapio.
DON ANTONIO.—Pero ¿qué es? ¿Qué ocupación tiene?
PIPÍ.—Él es… Mire usted. A él le llaman don Serapio.
DON ANTONIO.—¡Ah, sí! Ése es aquel bullebulle que hace gestos a las cómicas, y las tira dulces a la silla cuando pasan, y va todos los días a saber quién dio cuchillada; y desde que se levanta hasta que se acuesta no cesa de hablar de la temporada de verano, la chupa del sobresaliente y las partes de por medio.
