A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —«Catorce ángeles velaban sobre ellos» —canturreó Sally en la habitación de al lado, con acento somnoliento.
—Maldita sea —murmuró Isabelle, haciendo una gran pelota con la almohada y explorando cautelosamente las frÃas sábanas—, maldita sea.
Por fin Amory habÃa llegado arriba, por medio del Princetonian. Los pequeños snobs, termómetros del éxito que estaban siempre a punto, le recibieron con efusión porque se aproximaban las elecciones para los clubs; a él y a Tom les visitaban grupos de alumnos superiores que entraban torpemente, se balanceaban en el borde de los muebles y hablaban de todo menos de aquello que les llevaba allÃ. A Amory le divertÃan aquellas miradas llenas de intriga; y cuando los visitantes representaban un club que para él no tenÃa el menor interés, se permitÃa el lujo de escandalizarlos con comentarios heterodoxos.
—Dejadme pensar. ¿Qué club representáis vosotros? —preguntó una noche a una asombrada delegación.
Con los visitantes de Ivy, Cottage y Tiger Inn se hacÃa el «chico ingenuo, agradable y sano» que estaba a sus anchas y no tenÃa la menor idea del objeto de la visita.