A este lado del paraiso
A este lado del paraiso ExistÃan tantos lugares donde uno podÃa corromperse agradablemente: Port Said, Shanghai, ciertos sitios del Turquestán, Constantinopla, los mares del Sur; tierras de tristeza, de música atormentada y múltiples olores, donde el ansia podÃa ser un modo y una expresión de vivir, donde las sombras del cielo de noche y los ocasos sólo reflejaban pasiones: el color de los labios y las amapolas.
Otrora habÃa tenido la capacidad de oler milagrosamente el mal, de la misma manera que un caballo detecta por la noche un puente cortado; pero el hombre de los extraños pies en la habitación de Phoebe se habÃa reducido al aura alrededor de Jill. Su instinto percibÃa la fetidez de la pobreza, pero ya no rastreaba los mayores males del orgullo y la sensualidad.