A este lado del paraiso
A este lado del paraiso —Cuando la vida se apodera de un hombre de talento y buena educación —empezó Amory lentamente—, esto es, cuando se casa, se convierte, nueve veces de cada diez, en un conservador en lo que se refiere a las condiciones sociales existentes. Puede ser generoso, amable e incluso justo a su manera; pero su primera obligación es proveer y conservarse. Su mujer le azuza: primero diez mil al año, luego viente mil y asà sucesivamente, cogido por un mecanismo del que no hay escape. ¡Está listo! ¡La vida le ha cogido! ¡No tiene remedio! Es un hombre espiritualmente casado.
Amory se detuvo a pensar que la frase no era tan mala.
—Algunos hombres —continuó— logran escapar. Quizá porque sus mujeres no tienen ambiciones sociales; quizá porque han aprendido, en un «libro dañino», una sentencia que les ha gustado; quizá porque les agarró el mecanismo, como me pasó a mÃ, para expulsarles luego. De cualquier forma esos son los miembros del Congreso a los que no se puede sobornar, los presidentes que no son polÃticos, los escritores, oradores, hombres de ciencia, estadistas, que son algo más que el comodÃn popular de media docena de mujeres y niños.
—¿El radical por naturaleza?