El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Por aquel tiempo un periodista de Nueva York, joven y ambicioso, llegó una mañana a la puerta de Gatsby y le preguntó si tenÃa algo que decir.
—¿Algo que decir? ¿Sobre qué? —preguntó Gatsby, muy correcto.
—Bueno, alguna declaración que hacer.
Se supo al cabo de cinco minutos de confusión que aquel individuo habÃa oÃdo el nombre de Gatsby en el periódico en relación con algo que no quiso revelar o que no habÃa entendido del todo. Era su dÃa libre y habÃa tomado inmediatamente la encomiable iniciativa de acercarse a «ver».
Disparaba al azar, pero su instinto periodÃstico era certero. La notoriedad de Gatsby, difundida por los cientos de personas que habÃan aceptado su hospitalidad para convertirse asà en especialistas sobre su pasado, fue creciendo a lo largo del verano hasta el punto de que faltaba poco para que Jay Gatsby alcanzara la categorÃa de noticia. Leyendas contemporáneas, como la del «conducto subterráneo a Canadá»[17], las relacionaban con él, y se decÃa con insistencia que no vivÃa en una casa, sino en un barco que parecÃa una casa y navegaba en secreto por la costa de Long Island. Por qué semejantes inventos eran una fuente de satisfacción para James Gatz, de Dakota del Norte, no es fácil de explicar.
