El Gran Gatsby
El Gran Gatsby —Voy a vaciar hoy la piscina, mister Gatsby. Las hojas han empezado a caer demasiado pronto, y luego siempre hay problemas con los desagües.
—No la vacÃe hoy —contestó Gatsby. Se volvió hacia mÃ, como disculpándose—. ¿Sabes, compañero, que no he usado la piscina en todo el verano?
Miré el reloj y me levanté.
—Mi tren sale dentro de doce minutos.
Yo no tenÃa ganas de ir a la ciudad. No estaba en condiciones de trabajar decentemente, y habÃa algo más: no querÃa dejar solo a Gatsby. Perdà aquel tren, y el siguiente, antes de irme.
—Te llamaré por teléfono —dije por fin.
—SÃ, compañero.
—Te llamaré a eso del mediodÃa.
Bajamos despacio los escalones.
—Supongo que Daisy también llamará. —Me miró con ansiedad, como con la esperanza de que yo se lo confirmara.
—Supongo que sÃ.
—Adiós.
Nos dimos la mano y eché a andar. Antes de llegar a la verja, me acordé de algo y me volvÃ.
—Son mala gente —le grité a través del césped—. Tú vales más que todos ellos juntos.