El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Decidí llamarlo. Miss Baker había mencionado su nombre durante la cena, y eso serviría de presentación. Pero no lo llamé, porque de pronto dio pruebas de sentirse a gusto solo: extendió los brazos de un modo extraño hacia el agua oscura y, aunque yo estaba lejos, habría jurado que temblaba. Miré al mar en un gesto automático… y no vi nada, salvo una luz verde, lejana y mínima, que quizá fuera el extremo de un muelle. Cuando fui a mirar otra vez a Gatsby, había desaparecido, y yo volvía a estar solo en la oscuridad sin sosiego.