El Gran Gatsby
El Gran Gatsby Un poco avergonzado por haberme quedado hasta tan tarde en mi primera visita, me reunà con los últimos invitados de Gatsby, que se congregaban a su alrededor. QuerÃa explicarle que habÃa estado buscándolo al principio de la fiesta y disculparme por no haberlo reconocido en el jardÃn.
—No te preocupes —me ordenó categóricamente—. No le des más vueltas, compañero. —No habÃa en aquella expresión familiar más familiaridad que en la mano reconfortante que me pasó por el hombro—. Y no olvides que mañana por la mañana probamos el hidroplano, a las nueve.
Y el mayordomo, a su espalda:
—Lo llaman de Filadelfia, señor.
—SÃ, ahora mismo. Diga que ahora mismo me pongo… Buenas noches.
—Buenas noches.
—Buenas noches. —Sonrió, y de pronto pareció que el estar entre los últimos que se iban tenÃa un significado entrañable, como si eso fuera lo que Gatsby habÃa deseado desde el principio—. Buenas noches, compañero… Buenas noches.