Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Gloria terminó por sucumbir ignominiosamente y sacar todos sus vestidos y cosméticos de allí, declarando que había venido a vivir con Anthony, y añadiendo como excusa que una de las telas metálicas de sus ventanas estaba rota y dejaba entrar a los insectos. De manera que su antigua habitación quedó destinada a albergar huéspedes con escasa sensibilidad, y marido y mujer se vestían y dormían en el cuarto de Anthony, que Gloria consideraba de alguna manera «bueno», como si la presencia allí del joven Patch hubiese tenido la virtud de exterminar cualquier sombra perturbadora del pasado que pudiera haber flotado entre sus paredes.
La distinción entre «bueno» y «malo» —expulsada muy pronto y sumariamente de la vida de ambos— había vuelto a ser introducida de otra manera. Gloria insistía en que todas las personas a las que se invitase a la casa gris tenían que ser «buenas», lo que, tratándose de una muchacha, significaba que tenía que ser sencilla y sin tacha o, de lo contrario, poseer cierta solidez y fuerza. Siempre extraordinariamente escéptica sobre su propio sexo, el interés de Gloria se hallaba centrado en determinar si las mujeres eran o no eran limpias. Por falta de limpieza entendía varias cosas distintas: falta de orgullo, ausencia de fibra y, sobre todo, una inconfundible atmósfera de promiscuidad.