Hermosos y malditos

Hermosos y malditos

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PARAMORE. No, gracias. No acostumbro. (Sonríe)

Tana se retira a la cocina, dejando entornada la puerta de comunicación. Por la abertura surge inesperadamente la melodía de la canción japonesa del tren… esta vez no se trata de un ensayo, desde luego, sino de una interpretación vigorosa y llena de vida.

Suena el teléfono, Tana, absorto en sus armonías, hace caso omiso, de manera que Paramore descuelga el auricular.

PARAMORE. Diga… Sí… No, no está aquí ahora, pero volverá dentro de un momento… ¿Butterworth? Oiga, no he entendido bien el nombre… Oiga… Oiga… ¡Oiga!

El teléfono se niega obstinadamente a producir ningún sonido más. Paramore cuelga el auricular.

Llegados a este punto reaparece el tema del taxi, trayendo consigo un segundo joven; lleva una maleta en la mano y abre la puerta exterior sin llamar al timbre.

MAURY. (Desde el vestíbulo) ¡Anthony! ¡Ah de la casa! (Entra en la sala de estar y ve a Paramore.) ¿Qué tal?

PARAMORE. (Mirándolo con creciente intensidad) ¿No eres… no eres Maury Noble?

MAURY. Efectivamente. (Avanza sonriendo y con la mano extendida) ¿Qué tal estás, muchacho? Hace años que no te veo.


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