Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Después de cenar visitaron a un revendedor y, pagando un considerable suplemento, consiguieron entradas para una nueva comedia titulada High Jinks. En el vestíbulo del teatro esperaron unos momentos para ver entrar a los habituales de las noches de estreno. Había capas elegantes adornadas con innumerables pieles y sedas de muchos colores; joyas que pendían de brazos, gargantas y sonrosadas orejas; innumerables reflejos en multitud de sombreros de copa; zapatos de oro y bronce, rojo y charol; altos y complicados peinados femeninos y bruñidas cabelleras de hombres muy cuidadosos de su apariencia… pero, sobre todo, el flujo y reflujo, los parloteos y las risitas, la espuma y el efecto como de lento oleaje de aquel jubiloso mar de personas a medida que su torrente deslumbrante se incorporaba al lago artificial de risas…
Después de la representación se separaron: Maury iba a un baile en Sherry’s, Anthony camino de casa para acostarse.
