Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Cuando llegaban al campo de entrenamiento el trabajo comenzaba inmediatamente: se quitaban la camisa para hacer gimnasia. Era la única parte del día en que Anthony disfrutaba. El teniente Kretching, que dirigía los ejercicios, era nervudo y musculoso, y Anthony repetía sus movimientos fielmente, con la sensación de estar haciendo algo de positiva utilidad personal. Los otros oficiales y sargentos se paseaban entre los reclutas con malevolencia de colegiales, agrupándose alrededor de algún desgraciado, falto de control muscular, dándole al mismo tiempo órdenes y consejos que le desorientaban. Cuando descubrían ejemplares especialmente calamitosos y mal alimentados, se quedaban allí durante toda la media hora haciendo comentarios hirientes y riéndose entre ellos.