Hermosos y malditos
Hermosos y malditos —Vete —dijo ella con frialdad.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—No son palabras lo que quiero. Si no tienes otra cosa que ofrecerme, es mejor que te vayas.
—Pero, Dot…
—Lo que para mà significa la muerte, para ti no es más que un montón de palabras. Sabes muy bien cómo usarlas para que resulten bonitas.
—Lo siento. Estaba hablando de ti, Dot.
—Vete de aquÃ.
Él se acercó con los brazos extendidos, pero ella lo rechazó.
—No quieres que vaya contigo —dijo ella con voz serena—; quizá vas a reunirte con esa… con esa chica… —No fue capaz de pronunciar la palabra esposa—. No tengo manera de saberlo. Si es asÃ, está claro que has dejado de ser mi compañero. Asà que vete.