Hermosos y malditos
Hermosos y malditos * * *
… Casi puedo aún seguir la vÃa con los ojos y ver cómo te alejas, pero sin ti, queridÃsimo, ni veo, ni oigo, ni siento, ni pienso. Estar separados —a pesar de lo que ya nos ha sucedido o vaya a sucedernos— es como pedir clemencia a una tormenta; es como hacerse viejos. Quisiera besarte mucho… sobre la nuca, en el sitio donde te nace el pelo. Porque te quiero, y a pesar de lo que hagamos o nos digamos el uno al otro, o hayamos hecho o nos hayamos dicho, tienes que sentir lo mucho que te quiero, y la indiferencia por todo que me domina al convencerme de que te has marchado. Ni siquiera me molesta la maldita presencia de la GENTE, esa gente de la estación que no tiene ningún derecho a vivir… no consiguen molestarme aunque estén ensuciando nuestro mundo porque no puedo hacer otra cosa que desearte con todas mis fuerzas.
Si me odiaras, si estuvieras cubierto de llagas como un leproso, si te escaparas con otra mujer o me mataras de hambre o me pegaras —qué absurdo suena esto—, seguirÃa deseándote y queriéndote. ESTOY SEGURA, querido.