Hermosos y malditos
Hermosos y malditos En octubre las cartas de Anthony se multiplicaron, haciéndose casi frenéticas; después cesaron repentinamente. Durante un angustioso mes Gloria necesitó de toda su capacidad de autocontrol para no ponerse inmediatamente en camino hacia Mississippi. Luego un telegrama le explicó que su marido había estado en el hospital y que probablemente se hallaría de vuelta en Nueva York antes de diez días. Como una figura de un sueño Anthony volvió a su vida a través de la sala de baile aquella noche de noviembre… y durante largas horas, llenas de una alegría que le era muy familiar, Gloria lo retuvo contra su pecho, acariciando una ilusión de felicidad y de seguridad que había llegado a convencerse de que nunca más poseería.