Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Detrás de la atractiva indolencia de Maury Noble, de su impertinencia y de su actitud burlona se escondÃa una sorprendente e inflexible madurez de propósito. Su intención —tal como la formulara en la universidad— habÃa sido dedicar tres años a viajar, otros tres al ocio más absoluto, y después hacerse inmensamente rico lo más deprisa posible.
Sus tres años de viajes habÃan concluido ya. Maury habÃa recorrido el mundo con una intensidad y una curiosidad que en cualquier otro hubieran parecido pedantes, sin rasgos compensatorios de espontaneidad, casi como la autopreparación de un Baedeker humano; pero en su caso todo ello adquirÃa un aire de misteriosa finalidad y de proyecto significativo: como si Maury Noble fuese un futuro Anticristo, impulsado por un designio previo a ir a todos los sitios de la tierra que podÃan visitarse y ver los miles de millones de seres humanos que se reproducen, lloran y se matan unos a otros aquà y allá sobre su superficie.
De vuelta a América, Maury se habÃa lanzado a la búsqueda de la diversión con la misma perseverante intensidad. Él, que nunca habÃa tomado más de unos pocos cócteles o una pinta de vino de una vez, aprendió a beber como podrÃa haber aprendido griego; al igual que el griego, el arte de beber serÃa la puerta de entrada a un caudal de nuevas sensaciones, de nuevos estados psÃquicos, de nuevas reacciones de alegrÃa o de dolor.