Hermosos y malditos
Hermosos y malditos Tal era su actitud si se encontraba bien, y entonces se convertía en una persona jovial, agradable, que resultaba muy atractiva a los hombres inteligentes y a todas las mujeres. Cuando se hallaba en este estado, Anthony estaba convencido de que algún día llevaría a cabo algo sutil y poco ruidoso que los elegidos considerarían meritorio y que al desaparecer él se incorporaría a las mortecinas estrellas de un nebuloso e indeterminado paraíso, situado a mitad de camino entre la muerte y la inmortalidad. Hasta que llegara el momento de realizar este esfuerzo, él seguiría siendo Anthony Patch, no el simple retrato de un hombre, sino el poseedor de una personalidad dinámica y claramente delineada, un individuo obstinado, desdeñoso, que funcionaba de dentro afuera; un hombre consciente de que no puede haber honor, pero sin dejar por ello de ser honorable; al tanto de las ambigüedades de la intrepidez y, sin embargo, valeroso.
Ser nieto de Adam J. Patch daba a Anthony tanta seguridad en sus relaciones sociales como si fuera capaz de trazar el árbol genealógico de su familia hasta el otro lado del mar, remontándose incluso a las Cruzadas. Esto es una cosa inevitable; virginianos y bostonianos constituyen — aunque haya excepciones— una aristocracia basada exclusivamente en el dinero, que exige la existencia de una fortuna en cada caso particular.
