Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Hablemos del drama. SÃ, pienso a menudo en el estreno; ¡me obsesiona! ¡Cómo latirá mi corazón! Me conozco: si aplauden, me costará contenerme. Estoy bien preparado para el infortunio, pero no para la dicha, y ¡qué alegrÃa si triunfas! ¡Esos pataleos con los que soñaba en el colegio, con el codo apoyado en mi pupitre, mirando la lámpara humeante de nuestro estudio! ¡Esa gloria ruidosa, cuyo fantasma me hacÃa estremecer al evocarlo! Asà que tendré todo eso, y en ti, es decir, en la parte sensitiva de mà mismo. Por la noche besaré ese noble pecho cuyo sentimiento habrá conmovido a la muchedumbre, como un viento sobre el agua. Desde que murieron mi padre y mi hermana, ya no tengo ambición; se llevaron mi vanidad en su mortaja, y la conservan. Ni siquiera sé si alguna vez se imprimirá una lÃnea mÃa. No hago como la zorra, que encuentra demasiado verde la fruta que no puede comer; ¡es que yo ya no tengo hambre! El éxito no me tienta. Lo que me tienta es lo que puedo darme, mi propia aprobación; y quizá acabaré por prescindir de ella, como habrÃa tenido que prescindir de la de los demás. Asà pues, traslada todo eso a ti, sobre ti. Trabaja, medita, medita sobre todo, condensa tu pensamiento, ya sabes que los fragmentos hermosos no son nada. ¡La unidad, la unidad, ahà está todo! El conjunto, eso es lo que les falta a todos los de hoy, grandes y pequeños. Mil trozos bonitos, y sin obra. Comprime tu estilo, haz de él un tejido flexible como la seda y fuerte como una cota de mallas. Perdona estos consejos, pero querrÃa darte todo cuanto deseo para mà mismo. […]