Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Un tema por tratar es para mí como una mujer de la que estás enamorado; cuando se va a entregar, tiemblas y tienes miedo; es un espanto voluptuoso, no te atreves a tocar tu deseo. Esta tarde he releído el episodio de Velléda de Los mártires. ¡Qué hermosura! ¡Qué poesía! Pero si yo hubiera sido Eudoro y tú la druidesa, habría cedido más aprisa. No puedo evitar un sentimiento de indignación burguesa cuando veo, en los libros, a hombres resistirse a las mujeres. Siempre se piensa que el autor está hablando de él mismo, y resulta impertinente porque quizá, después de todo, es falso. Me hablas de Albert Aubert y del señor Gaschon de Molènes. Desprecia a todos esos bribones; ¿para qué preocuparse de lo que chillan esos mirlos? Leer críticas es perder el tiempo. Soy capaz de sostener en una tesis que no hay crítica buena desde que se escriben, que no sirven para nada salvo para fastidiar a los autores y embrutecer al público, y por último que se hace crítica cuando no se puede hacer Arte, igual que se hace uno delator cuando no se puede hacer soldado. ¡Ya me gustaría saber qué han tenido en común los poetas de todas las épocas en sus obras con quienes las han analizado! ¡Plauto se habría reído de Aristóteles si lo hubiese conocido! ¡Corneille pataleaba debajo de Aristóteles! ¡Voltaire, muy a su pesar, fue encogido por Boileau! En el drama moderno, nos habríamos ahorrado mucha basura sin W. Schlegel. ¡Y cuando hayan terminado de traducir a Hegel, Dios sabe adonde iremos! ¡Y por encima, hay que añadir a los periodistas, ésos que ni siquiera tienen la ciencia para ocultar su lepra envidiosa! Me he dejado llevar por mi odio hacia la crítica y los críticos, así que esos desgraciados me han quitado todo el espacio para besarte, pero lo hago a pesar de ellos. Así pues, con su permiso, mil besos en tu hermosa frente, en tus ojos tan dulces y…