Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Croisset, jueves por la noche [octubre de 1847].
Ya está aquà el invierno, el viento es frÃo, el campo reviste su abrigo de bruma; es la estación en que vuelve a encenderse el fuego y en que vuelven a empezar las largas horas de la tarde, que pasamos viéndolo arder.
Cuando voy a ir a acostarme y contemplo desde mi sillón los últimos carbones que se apagan, te dedico, antes de dormirme, un pensamiento bueno y largo que te envÃo sin que lo sepas, y que parte de mi corazón como un suspiro.
De noche experimento una tranquilidad suprema. A la luz de las velas estudiosas, la inteligencia se enciende y brilla con más claridad. Ahora sólo vivo bien a su fulgor tranquilo. Durante todo el dÃa me encuentro un poco enfermo, siempre irritado; además, ahora escribo, y tengo tan poca costumbre, que me pone en un estado de permanente acritud, y siempre estoy a disgusto con lo que hago. La idea me estorba, la forma se me resiste. A medida que estudio el estilo, me doy cuenta de lo poco que lo conozco, y a veces tengo desalientos tan Ãntimos que me veo tentado de dejarlo todo plantado, y ponerme a hacer cosas más fáciles.
¡El Arte! ¡El Arte! ¡Qué abismo! ¡Y qué pequeños somos para bajar a él, sobre todo yo!