Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No, no soy una abstracción, y no tengo esa calma divina de la que usted habla. Pero tranquilÃzate en cuanto a mis obras, no será el lado de las pasiones lo que falle. De eso tengo antiguas provisiones en mi bolso, y como gasto poco, no se agotan aprisa. Si hubiera que estar conmovido para conmover a los demás, podrÃa escribir libros que harÃan temblar las manos y latir los corazones, y como estoy seguro de no perder nunca esa facultad de emocionarme, que la pluma me da por sà misma sin que yo intervenga para nada, y que me llega a mi pesar, de manera con frecuencia molesta, me preocupo poco de ella, y busco, al contrario, no la vibración sino el diseño.
En cuanto a mi salud, por la que te preocupas, queda convencida de una vez por todas: me ocurra lo que me ocurra, y aunque sufra, es buena, en el sentido de que llegará lejos (tengo mis razones para creerlo). Pero viviré como vivo, siempre sufriendo de los nervios, esa puerta de transmisión entre el alma y el cuerpo, por la que quizás he querido hacer pasar demasiadas cosas.