Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Vuelvo a Graziella. Hay un párrafo de una página entera, toda en infinitivos: «levantarse temprano, etc.». El hombre que adopta giros semejantes tiene mal oído; no es escritor. Nunca, esas viejas frases de músculos abultados, tensos, y que hacen sonar los tacones. Sin embargo, yo concibo un estilo, un estilo que sería hermoso, que alguien creará algún día, dentro de diez años o de diez siglos, y que sería rítmico como el verso, preciso como el lenguaje de las ciencias, y con ondulaciones, zumbidos de violoncello, penachos de fuego; un estilo que te entraría en la idea como un estilete, y sobre el que tu pensamiento, en fin, bogaría sobre superficies lisas, como cuando se vuela en una barca con buen viento de popa. La prosa nació ayer; eso es lo que hay que pensar. El verso es la forma por excelencia de las literaturas antiguas. Todas las combinaciones prosódicas se han probado; pero las de la prosa, ni mucho menos.