Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Pero ¿quién hará entender esto alguna vez a los pedantes? Es curioso, por lo demás, lo bien que siento la comicidad en cuanto hombre, y cómo mi pluma la rechaza. Converjo en ella cada vez más a medida que me vuelvo menos alegre, pues es la última de las tristezas. Desde hace algún tiempo, tengo ideas de teatro, y el esbozo inseguro de una gran novela metafísica, fantástica y ruidosa, que me cayó en la cabeza hará quince días. Si me pongo a ello dentro de cinco o seis años, ¿qué ocurrirá desde este minuto en que te escribo hasta el momento en que la tinta se seque en el último tachón? Al ritmo al que voy, no habré terminado la Bovary hasta dentro de un año. Poco me importan seis meses más o menos. Pero la vida es corta. Lo que me aplasta a veces es pensar en todo lo que querría hacer antes de reventar, que hace ya quince años que trabajo sin descanso, de manera dura y continua, y que jamás tendré tiempo de darme a mí mismo la idea de lo que quería hacer.