Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet No dejo de persistir en mi opinión relativa al Asno de oro, a pesar del juicio del Filósofo y del de Musset. Peor para esos señores si no lo comprenden, y mejor para mí si me equivoco. Pero si hay una verdad artística en el mundo, es que ese libro es una obra maestra. A mí me da vértigo y me deslumbra. La naturaleza por sí misma, el paisaje, el lado pintoresco de las cosas son tratados ahí a la moderna, y con un hálito a la vez antiguo y cristiano que pasa por en medio. Huele a incienso y a orina, la bestialidad casa con el misticismo. Aún estamos muy lejos de eso, nosotros, en cuanto a husmo moral, lo que me hace creer que la literatura francesa aún es joven. A Musset le gusta el humor picante. Pues bien, a mí no. Huele a ingeniosidad (¡que execro en arte!). Las obras maestras son tontas, tienen una expresión tranquila, como los propios productos de la naturaleza, como los grandes animales y las montañas. Me gusta la suciedad, sí, y cuando es lírica, como en Rabelais, que no es en absoluto hombre de humor verde. Pero lo verde es francés. Para agradar al gusto francés hay que esconder casi la poesía, como se hace con las píldoras, dentro de un polvo incoloro, y hacérsela tragar sin que se dé cuenta. […]
[Croisset] Martes [6 de julio de 1852].