Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Estoy copiando, corrigiendo y tachando toda la primera parte de Bovary. Me escuecen los ojos. QuerrÃa, de un solo vistazo, leer estas ciento cincuenta y ocho páginas y abarcarlas con todos sus detalles en un único pensamiento. Del domingo en ocho se lo releeré todo a Bouilhet, y al dÃa siguiente o a los dos dÃas me verás. ¡Qué perro asunto es la prosa! Nunca se acaba; siempre hay algo que rehacer. Creo, no obstante, que se le puede dar la consistencia del verso. Una buena frase de prosa debe ser como un buen verso, incambiable, igual de rÃtmica y de sonora. Ésa es, al menos, mi ambición (hay algo de lo que estoy seguro, y es que nadie ha imaginado nunca un tipo de prosa más perfecto que yo; pero, en cuanto a la ejecución, ¡cuántas flaquezas, cuántas flaquezas, Dios mÃo!). Tampoco me parece imposible dar al análisis psicológico la rapidez, la claridad, el arranque de una narración puramente dramática. Nunca se ha intentado, y serÃa hermoso. ¿Lo he conseguido un poco? No lo sé. A estas horas no tengo ninguna opinión clara sobre mi trabajo. [Sigue la crÃtica a Hugo, un poema de Louise.]
Medita más, por tanto, antes de escribir, y aférrate a la palabra. Todo el talento de escribir no consiste, después de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En el estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido. […]