Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet El público no debe saber nada de nosotros. Que no se divierta con nuestros ojos, nuestro cabello y nuestros amores. (¡Cuántos imbéciles acogerán esos versos con una risotada!) Bastante disolvemos de nuestro corazón en la tinta, sin que lo sospeche el público. En arte, las prostituciones personales me indignan, y Apolo es justo: casi siempre hace languidecer ese tipo de inspiración; es algo común. (En el poema de Bouilhet no hay ni un rasgo nuevo; se nota, por debajo, una zarpa hábil; eso es todo.)
Consuélate, pues, y aguarda otro poema en que, de todos modos, se te cante mejor y de forma más duradera. Asunto convenido, ¿verdad?
Si alguien te insulta al respecto, ¿cómo contestar? Para este tipo de apoteosis hace falta una obra excepcional. Entonces dura, aunque esté dirigida a cretinos o jorobados. ¿Sabes qué es lo que más te falta? Discernimiento. Se adquiere poniéndose esponjas de agua fría en la cabeza, querida salvaje.