Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet He leído estos días los cuentos de hadas de Perrault; es encantador, encantador. ¿Qué dices de esta frase: «El cuarto era tan pequeño, que la cola de aquel bello vestido no podía desplegarse»? ¿A que es de un efecto enorme? Y ésta: «Vinieron reyes de todos los países; unos en sillas de manos, otros en cabriolés, y los de más lejos montados en elefantes, en tigres, en águilas». Y decir que, mientras vivan los franceses, Boileau pasará por un poeta más grande que ese hombre. Hay que disfrazar la poesía, en Francia; la detestan, y de todos los escritores a lo mejor sólo Ronsard ha sido sencillamente un poeta como lo eran en la Antigüedad y como se es en los demás países.
A lo mejor las formas plásticas han sido descritas y repetidas todas; era la función de los primeros. Lo que nos queda es el exterior del hombre, más complejo, pero que escapa mucho más a las condiciones de la forma. Así, creo que la novela acaba de nacer, espera a su Homero. ¡Qué hombre habría sido Balzac si hubiera sabido escribir! Pero sólo le faltó eso. Un artista, después de todo, no habría hecho tanto, no habría tenido esa amplitud.