Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Ahora hace un viento espantoso, los árboles y el rÃo mugen. Esta noche estaba describiendo una escena de verano con mosquitas, hierbas al sol, etc. Cuanto más contrario es el ambiente en que estoy, mejor veo el otro. Este ventarrón me ha fascinado durante toda la velada; es algo que mece y aturde a la vez. TenÃa los nervios tan vibrantes, que mi madre, que entró a las diez en mi estudio para despedirse, me hizo lanzar un grito de terror espantado que la asustó a ella misma. Luego el corazón estuvo galopándome mucho tiempo, y me costó un cuarto de hora reponerme. Cuando trabajo asà estoy absorto. SentÃ, con esa sorpresa, como la sensación aguda de una puñalada que me hubiera atravesado el alma. ¡Qué pobre máquina es la nuestra! ¡Y todo eso es porque el hombrecillo estaba modelando una frase! Edma y Bouilhet siguen escribiéndose; las cartas son magnÃficas de pose y de pohessÃa. A él le divierte como espectáculo; pero, en el fondo, le apetecerÃa mucho hacer con ella un poquito de juergorgÃa, como dice maese Rabelais. Ni una palabra al respecto; creemos que ella desconfÃa de ti, aunque no haya dicho nada sobre eso. Su primera entrevista será divertida.
Trabaja bien La campesina; dedÃcale una semana más, no te apresures, revÃsalo todo, pélate; aprende a criticarte a ti misma, querida salvaje. Adiós, es muy tarde, mil besos; alivÃate. Tuyo, mi amor.