Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet […] Encuentro que la observación de Musset sobre Hamlet es la de un profundo burgués, y he aquí por qué. Él reprocha la inconsecuencia de que Hamlet, escéptico, haya visto con sus ojos el alma de su padre. En primer lugar, no es el alma lo que ha visto. Ha visto un fantasma, una sombra, una cosa, una cosa material viva, y que no tiene relación alguna en las ideas populares y poéticas —trasladémonos a la época— con la idea abstracta del alma. Somos nosotros, metafísicos y modernos, quienes hablamos este lenguaje. Además, Hamlet no duda en absoluto, en el sentido filosófico; sueña. Creo que esta observación de Musset no es de él, sino de Mallefille, en el prefacio a su Don Juan. A mi juicio es superficial. Un campesino de nuestros días aún puede ver perfectamente un fantasma, y a plena luz, al día siguiente, puede reflexionar en frío sobre la vida y la muerte, pero no sobre la carne y el alma. Hamlet no reflexiona sobre sutilezas de escuela, sino sobre pensamientos humanos. Al contrario, ese perpetuo estado de fluctuación de Hamlet, esa vaguedad en la que se mantiene, esa falta de decisión en la voluntad y de solución en el pensamiento es la que le da todo su carácter sublime. Pero las personas inteligentes quieren personajes de una pieza y consecuentes (como sólo los hay en los libros). Al contrario, no hay ni un pedazo del alma humana que no aparezca en esta concepción. Ulises es quizá el tipo más fuerte de toda la literatura antigua, y Hamlet de toda la moderna.