Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet ¿Por qué pierdes tu tiempo en releer Graziella, cuando hay tantas cosas que releer? ¡Esa sà que es una distracción sin disculpa, desde luego! No hay nada que sacar de semejantes obras. Hay que atenerse a las fuentes, y Lamartine es un grifo. Lo que hay de fuerte en Manon Lescaut es el hálito sentimental, la ingenuidad de la pasión que hace a los dos héroes tan auténticos, tan simpáticos, tan honrados, aunque sean unos bribones. Este libro es un grito del corazón; su compasión es muy hábil. ¡Qué tono de excelente sociedad! Pero yo prefiero las cosas más picantes, más destacadas, y veo que todos los libros de primer orden lo son a ultranza. Son chillones de verdad, archidesarrollados y más abundantes en detalles intrÃnsecos al asunto. Manon Lescaut es quizá el primero de los libros secundarios. Creo, contrariamente a tu opinión de esta mañana, que se puede interesar con cualquier asunto. En cuanto a crear Belleza con ellos, también lo pienso, teóricamente al menos, pero estoy menos seguro. La muerte de Virginia es muy hermosa, pero ¡cuántas otras muertes hay tan conmovedoras (porque la de Virginia es excepcional)! Lo que es admirable es su carta a Pablo, escrita desde ParÃs. Siempre me ha arrancado el corazón cuando la he leÃdo. Estoy seguro de antemano de que se llorará menos a la muerte de mi señora Bovary que a la de Virginia. Pero se llorará más al marido de una que al amante de la otra, y de lo que no tengo dudas es del cadáver. Tendrá que perseguiros. La primera cualidad del Arte y su meta es la ilusión. La emoción, que se obtiene con frecuencia mediante ciertos sacrificios de detalles prácticos, es cosa muy distinta y de orden inferior. He llorado en melodramas que no valÃan cuatro perras, y Goethe jamás me ha empañado el ojo, de no ser por la admiración. […]