Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet Estoy casi seguro de que Gautier no te vio en la calle, cuando no te saludó. Es muy miope, como yo, y cosas semejantes nos ocurren normalmente. HabrÃa sido una insolencia gratuita, que por lo demás no está en sus maneras; es un tÃo gordo, muy pacÃfico y muy puta. En cuanto a adherirse a las animosidades del amigo, lo dudo mucho, por la manera en que me habló de ellas el primero. La dedicatoria, a pesar de tu opinión, no prueba nada de nada: pose y requetepose. El pobre chico se agarra a todo, pega su nombre a todo. ¡Qué bajada, la de ese Nilo! Si algo pudiese reafirmarme en mis teorÃas literarias, serÃa él. Cuanto más se aleja el tiempo en que Du Camp seguÃa mis consejos, más se hunde, pues de Tagabor al Nilo hay una decadencia espantosa, y pasando por El Libro póstumo, que es su punto intermedio, ahà está ahora en lo más bajo, y a la altura del joven Delessert; no vale más. La propuesta de Jacottet me ha indignado de extraña manera, y has tenido mucha razón. ¡Tú, ir a rendir pleitesÃa a semejante rapaz! ¡Ah, no, no, no!