Cartas a Louise Colet
Cartas a Louise Colet «¡Oh, buen Flaccus, ¿qué es de vuestra oda a Melpómene? Habladme de vuestra pasión por el muchachito que Polión os ha cedido; ¿vais a escribir sobre él en asclepiadeos o en yambos? Todo lo que decís me preocupa mucho más que la guerra de los partos, que el colegio de los flaminios y que la ley Valeria, que quieren volver a discutir…».
Sin embargo, había algo más serio que los hombres que morían por la patria, que los que rezaban por ella, y que los que se esforzaban por hacerla más dichosa: eran los que cantaban, puesto que sólo ésos sobreviven. Se han descubierto nuevos mundos donde leerles, se ha inventado la imprenta para difundirlos allá. ¡Ah, sí! El amor de Glicera o de Lícoris aún pasará por encima de todas las civilizaciones futuras. El Arte, como una estrella, ve rodar la tierra sin conmoverse, chispeando en el azul; lo Bello no se despega del cielo.
¡Pero, bueno! Todo esto te incomoda. ¿Qué decirte, entonces? Que te beso. Apenas tengo espacio, pero aún así te envío, a través de estas líneas apretadas, un beso largo y tierno, como entre barrotes.
[Croisset] Miércoles, once de la noche [2 de septiembre de 1846].