Cartas a Louise Colet

Cartas a Louise Colet

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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Sí, tienes razón, buena Musa; dejemos de reñir, besémonos, pasemos la esponja por todo eso. Amémonos cada uno a nuestra manera según nuestra naturaleza. Tratemos de no hacernos sufrir recíprocamente. Cualquier afecto es siempre un fardo que se lleva entre dos. El más bajito ha de empinarse, para que no le caiga todo el peso en la nariz. El más alto, que se agache para no aplastar a su compañero. Ya no te digo nada más que esto: más tarde me apreciarás. En cuanto a ti, ya lo he aprendido todo; por eso te conservo. He recibido esta mañana tus tres catálogos. En el de Perrotin había algo escrito por ti, que ha sido suprimido. ¿Qué era? Haré esos tres artículos simultáneamente, con el fin de que no se parezcan. ¿Cuál es al que hay que dar más jabón? (Oh, crítica, ésa es toda tu finalidad hoy: dar jabón o reventar, dos metáforas muy bonitas y que dan una idea de la tarea.) Dime también cuándo tienen que estar hechos esos artículos, lo más pronto y lo más tarde. ¿Has admirado, en el catálogo de la Librairie Nouvelle, los anuncios que siguen a los títulos de las obras? ¡Es enorme! ¿Será Jacottet quien ha redactado esas hermosuras? La Revue de Paris tiene una página tremenda. ¡Qué falange! ¡Qué caraduras! Todo esto es como para vomitar. La literatura se parece a una gran empresa de inodoros. ¡Rivalizan en apestar al público! Siempre me siento tentado de exclamar, como San Policarpo: «Ah, Dios mío, Dios mío, ¿en qué siglo me has hecho nacer?», y de escapar tapándome los oídos, como hacía aquel santo varón cuando en su presencia decían algo inconveniente.


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