La tentacion de San Antonio

La tentacion de San Antonio

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VI

(Vuela por debajo de él, tendido como un nadador; sus dos grandes alas abiertas, que le ocultan enteramente, parecen una nube).

ANTONIO.—¿Adónde voy?

Hace un momento me pareció ver la forma del Maldito. ¡No!, una nube me lleva. ¿Quizá estoy muerto y subo hacia Dios?…

¡Ah!, ¡qué bien respiro! El aire inmaculado me llena el alma. ¡Se acabó la pesadumbre!, ¡se acabó el sufrimiento!

Abajo, el rayo estalla, el horizonte se ensancha, los ríos se entrecruzan. Esa mancha amarilla es el desierto, esa charca de agua el océano.

Y aparecen otros océanos, inmensas regiones que no conocía. Ésos son los países negros que humean como braseros, la zona de nieves oscurecida siempre por las brumas. Intento descubrir las montañas donde el sol, cada noche, se oculta.

EL DIABLO.—¡El sol no se oculta jamás!

(A ANTONIO no le sorprende la voz. Le parece un eco de su pensamiento, una respuesta de su memoria.

Mientras tanto la tierra toma la forma de una bola; y la ve en medio del universo que gira sobre sus polos, dando vueltas alrededor del sol).

EL DIABLO.—¿Entonces no es el centro del mundo? Orgullo del hombre, ¡humíllate!


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