La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio ANTONIO.—(se encuentra tendido de espaldas, al borde del acantilado. El cielo empieza a clarear).
¿Es la claridad del alba, o un reflejo de la luna?
(Intenta levantarse, luego vuelve a caer; y castañeteándole los dientes):
¡Siento un cansancio… como si tuviera rotos los huesos!
¿Por qué?
¡Ah!, ¡es el Diablo!, ¡ya me acuerdo!, ¡y me repetÃa lo que aprendà con el viejo DÃdimo acerca de las opiniones de Jenófanes, de Heráclito, de Meliso, de Anaxágoras[233], sobre el infinito, la creación, la imposibilidad de conocer!
¡Y yo que habÃa creÃdo poder unirme a Dios!
(Riendo amargamente):
¡Ah!, ¡demencia!, ¡demencia! ¿Es acaso culpa mÃa? ¡La oración me resulta intolerable! ¡Tengo el corazón más seco que una roca! ¡Antaño se desbordaba de amor!…
