La tentacion de San Antonio
La tentacion de San Antonio (Entonces una gran sombra, más sutil que una sombra natural, y ala que otras sombras acompañan, aparece en la tierra.
Es el Diablo, apoyado contra el techo de la cabaña que lleva bajo sus dos alas —como un murciélago gigantesco que amamantara a sus pequeños— los Siete Pecados Capitales, cuyas cabezas gesticulantes se dejan entrever confusamente.
ANTONIO, con los ojos todavÃa cerrados, disfruta de su inercia; distiende sus miembros sobre la estera.
Cada vez le parece más suave —aunque se hincha, se eleva, se convierte en una cama, la cama en una, lancha; el agua chapotea contra sus flancos.
A derecha e izquierda, se elevan dos lenguas de tierra negra con campos cultivados, y un sicomoro, de cuando en cuando. Un ruido de cascabeles, de tambores y de cantores suena a lo lejos. Son gentes que van a Canope a dormir en el templo de Serapis para poder soñar. ANTONIO lo sabe; y se desliza, empujado por el viento, entre las dos orillas del canal. Las hojas de papiro y las flores rojas de los nenúfares, más altas que un hombre, se inclinan sobre él. Está tumbado en el fondo de la barca; un remo, en la parte de atrás, se desliza en el agua. De vez en cuando llega un soplo tibio, y las finas cañas se entrechocan. El murmullo de las olas disminuye. Le invade un gran sopor. Sueña que es un solitario de Egipto.
