Madame Bovary
Madame Bovary Los campesinos le querÃan porque no era orgulloso. Acariciaba a los niños, no entraba nunca en la taberna, y, además, inspiraba confianza por su moralidad. Acertaba especialmente en los catarros y en las enfermedades del pecho. Como tenÃa mucho miedo a matar a nadie, Carlos casi no recetaba en realidad más que bebidas calmantes, de vez en cuando algún vomitivo, un baño de pies o sanguijuelas. No es que le diese miedo la cirugÃa; sangraba abundantemente a la gente, como si fueran caballos, y para la extracción de muelas tenÃa una fuerza de hierro. En fin, para estar al corriente, se suscribió a la Ruche médicale, nuevo periódico del que habÃa recibido un prospecto. Después de la cena leÃa un poco; pero el calor de la estancia, unido a la digestión, le hacÃa dormir al cabo de cinco minutos; y se quedaba ahÃ, con la barbilla apoyada en las dos manos, y el pelo caÃdo como una melena hasta el pie de la lámpara.