Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Como se aburría mucho en Yonville, donde estaba de pasante del notario Guillaumin, a menudo el señor León Dupuis (era el segundo cliente habitual del «León de Oro») retrasaba la hora de cenar esperando que apareciese en la posada algún viajero con quien hablar por la noche. Los días en que había terminado su tarea, sin saber qué hacer, tenía que llegar a la hora exacta, y soportar, desde la sopa hasta el queso, el cara a cara con Binet. Así que aceptó de buena gana la invitación que le hizo la hostelera de cenar en compañía de los recién llegados, y pasaron a la gran sala, donde la señora Lefrançois, como extraordinario, había dispuesto los cuatro cubiertos.

Homais pidió permiso para seguir con su gorro griego por miedo a las corizas.

Después, volviéndose hacia su vecina:

—¿La señora, sin duda, está un poco cansada? ¡Le traquetean a uno tanto en nuestra «Golondrina»!

—Es verdad —respondió Emma—; pero lo desacostumbrado siempre me divierte; me gusta cambiar de lugar.

—¡Es tan aburrido —suspiró el pasante— vivir clavado en los mismos sitios!

—Si ustedes tuvieran como yo —dijo Carlos— que andar siempre a caballo…

—Pero —replicó León dirigiéndose a Madame Bovary—, nada hay más agradable, me parece; cuando se puede —añadió.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker