Madame Bovary
Madame Bovary —¿Tienen ustedes al menos paseos interesantes por los alrededores? —continuaba Madame Bovary hablando al joven pasante.
—¡Oh!, muy pocos —contestó él—. Hay un sitio que se llama la Pâture, en lo alto de la cuesta, en la linde del bosque. Algunas veces, los domingos voy allà y me quedo con un libro contemplando la puesta del sol.
—No encuentro nada tan admirable —replicó ella— como las puestas de sol; pero, sobre todo, a la orilla del mar.
—¡Oh!, yo soy un enamorado del mar.
—Y además, ¿no le parece —replicó Madame Bovary— que el espÃritu boga más libremente sobre esa extensión ilimitada, cuya contemplación eleva el alma y sugiere ideas de infinito, de ideal?