Madame Bovary

Madame Bovary

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al entrar en Yonville caracoleó sobre el pavimento.

Desde las ventanas la miraban.

Su marido en la cena le encontró buen aspecto; pero ella pareció no oírlo cuando le preguntó sobre su paseo; y siguió con el codo al borde de su plato, entre las dos velas encendidas.

—¡Emma! —dijo él.

—¿Qué?

—Bueno, he pasado esta tarde por casa del señor Alexandre; tiene una vieja potranca todavía muy buena, con una pequeña herida en la rodilla solamente, y que nos dejarían, estoy seguro, por unos cien escudos…

Y añadió:

—Incluso pensando que te gustaría, la he apalabrado…, la he comprado… ¿He hecho bien? ¡Dímelo!

Ella movió la cabeza en señal de asentimiento; luego, un cuarto de hora después:

—¿Sales esta noche? —preguntó ella.

—Sí, ¿por qué?

—¡Oh!, nada, nada, querido.

Y cuando quedó libre de Carlos, Emma subió a encerrarse en su habitación. Al principio sintió como un mareo; veía los árboles, los caminos, las cunetas, a Rodolfo, y se sentía todavía estrechada entre sus brazos, mientras que se estremecía el follaje y silbaban los juncos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker